Un gato feral nunca ha tenido contacto humano cercano. No todos los gatos callejeros son ferales, si el gato fue de casa alguna vez en su vida es posible que se acerque a las personas, incluso se deja acariciar o se frota contra tu pierna. Los gatos ferales, por el contrario, desconfían de las personas, se comportan temerosos y agresivos, se defienden mordiendo y arañando si se sienten amenazados.

El viernes 6 de marzo me encontraba trabajando en casa y Honey, mi pastor belga, no dejaba de ladrar, alborotando a mis otros perros. Aunque siempre es escandalosa, en esta ocasión era extraño porque llevaba más de tres horas sin detenerse. Finalmente el hombre de la casa salió a tomar cartas en el asunto, después de unos minutos escuché que me llamaba: “Ei, sal despacio y sin hacer alboroto ni aspavientos asómate a la jardinera”. Lo hice y ahí estaba: una gata feral a la que habíamos visto muchas veces por nuestra calle. Estaba hecha bolita y extendí la mano para intentar sacarla de la casa, pensé que estaba asustada por los perros y por eso se escondía pero en cuanto me acerqué, se puso agresiva y salió de la jardinera. En ese momento los vi, dos pequeños gatitos recién nacidos.

Nos pusimos en acción. Guardamos a todos los perros para que la gata estuviera tranquila, nos daba miedo haberla asustado y que abandonara a los pequeñines, así que le dejé agua y comida para que se acercara y nos metimos a la casa. Tardó más de una hora en regresar con sus bebés.

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El día estaba frío y por la noche comenzó a llover. Honey había pasado todo el día encerrada y eso no iba a funcionar por mucho tiempo así que decidimos que la única opción posible era meter a la gata y sus gatitos a la casa. Fue una operación complicada que requirió varias toallas, una varita, guantes de carnaza y una chaqueta gruesa pero finalmente pudimos meterla a una habitación en la que le habíamos acondicionado una camita.

Para no hacerles el cuento más largo, he pasado 6 semanas intentando hacerme amiga de Doña Gato y en caso de que ustedes alguna vez estén en una situación así, les comparto estos tips que son los que más me han servido:

  • Paciencia: tal como en el Principito, es cosa de ir todos los días, acercándote cada vez un poco más.
  • Edad: me sorprendió lo bien que la gata respondió ante la sobrina de 14 años de una amiga que fue a visitarme. Cuando la niña se le acercó, se dejó acariciar completamente, cosa que los adultos no habíamos logrado.
  • Comida: aunque todos los días tiene croquetas, reacciona especialmente bien cuando le llevo un premio como pollo o jamón.
  • Música: esto es lo que mejor funcionó. Encontré en Youtube música especial para relajar gatos y el resultado fue espectacular, se la pongo y de inmediato se relaja y empieza a cabecear. Intenté con otros tipos de música clásica pero funcionó mejor con la música especial gatuna. Tal vez simplemente no es fan de Mozart.
  • Mirada: esto también fue increíble, al mirarla, los expertos recomiendan parpadear muuuuy lentamente, eso les da confianza… ¡sí funciona!

Finalmente, la esterilizamos y seguimos intentando domesticarla y socializarla con mi manada. ¿Ustedes han tenido experiencias con gatos ferales? Cuéntenme cómo les ha ido :)