Hace unos días escribía sobre la importancia de ahorrar desde joven y esto va muy ligado a otra tendencia preocupante: el uso cada vez más desmedido de las tarjetas de crédito. Yo me pongo verde cuando llego a una universidad y veo el stand de un banco ofreciendo a los estudiantes “tu primera tarjeta de crédito, sin comprobar ingresos”.

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En principio, lo ofrecen como algo positivo: “necesitas una tarjeta para ir haciendo historial crediticio” y si aceptas, ¡BUM! te tienen en sus garras. Y no es que el crédito per se sea malo sino que nuestros malos hábitos financieros ocasionan que las tarjetas de crédito se ocupen como una extensión del sueldo en lugar de como lo que es: un préstamo.

He tenido varios alumnos que a sus 20 años o menos ya tienen deudas que no pueden pagar, desde 2 hasta 7 o 10 mil pesos en tarjetas otorgadas por bancos, tiendas departamentales o supermercados. ellos mismos se preguntan ¿cómo llegue a deberles tanto? Esto, queridos míos, no es nada mas que lo esperado cuando una entidad bancaria le da una tarjeta a alguien que no trabaja o que apenas empieza a hacerlo y a quien le dices que “no necesita ingresos”.

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El problema principal es la mentalidad que desarrollamos con estas prácticas. Nuestros abuelos sabían que para tener algo, era necesario hacer un pequeño sacrificio, así que ahorraban y después se compraban lo que querían. Hoy no queremos esperar para obtener lo que necesitamos, nuestra ideología ha cambiado a: “compre ahora, pague después” sin entender que el pagar después casi siempre trae costos adicionales.

Peor aún, hoy tenemos la idea infundada de que necesitas un crédito para tener cosas bonitas: una computadora, una tele, un auto o una casa. Eso es completamente FALSO, puedes comprar todo lo que quieras en efectivo y con base al ahorro, sólo que eso requiere desarrollar disciplina y paciencia.

Por ejemplo, quieres comprar una tele nueva que cuesta 12 mil pesos. Podrías ahorrar mil pesos al mes y en un año la tendrías (tal vez menos, porque hoy los productos bajan de precio muy rápido), pero no quieres esperar porque el Mundial es este año, no el próximo y como “no tienes dinero”, la sacas a crédito. En lugar de pagar 12, pagaste tal vez 14 o 18 o 20 y eso es dinero que seguramente hubieras podido aprovechar en algo más.

Mi recomendación de hoy: NO aceptes esa tarjeta de crédito, y si ya la tienes, asesórate para pagarla y liquidarla lo antes posible, y en cuanto te sea posible, cancélala. Aprenderás que tu paz mental es mucho más valioso que ver el futbol en pantalla grande.