Como empleados, no es raro que estemos dispuestos a satisfacer las demandas de nuestros jefes, pero ¿qué pasa cuando las peticiones de tu jefe se vuelven excesivas? Típico que te llama fuera de horario de trabajo, en fin de semana o demasiado tarde por las noches, nunca está contento y todo el tiempo le pone peros a lo que haces. Eso es lo que llamamos un “jefe monstruoso” y son monstruosos porque se nos aparecen hasta en sueños. Aquí te explicaremos cómo lidiar con ellos.

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  1. Los jefes monstruosos los creamos nosotros.

¿Te suena raro? Los jefes monstruosos casi siempre surgen gracias a empleados que no sabemos decir que no. Tenemos tanto miedo de perder el trabajo que aguantamos todo y en ocasiones nos comprometemos con condiciones que pueden ser hasta perjudiciales para nosotros.

  1. El jefe no siempre tiene la razón.

Todos hemos enfrentado alguna vez al jefe que quiere decirte cómo hacer tu trabajo. Si él lo sabe todo, ¿para qué te contrató? El darle la razón en todo, o no corregirlo cuando está equivocado suele repercutir en mayor tiempo para concluir el trabajo y mucho tiempo extra en correcciones posteriores.

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  1. El valor del respeto.

Como empleado, tu trabajo vale y vale mucho. Pero si tú mismo no respetas tu trabajo o lo das a la ligera, tu jefe no lo respetará tampoco. ¿Qué quiere decir esto? No accedas a peticiones irracionales ni te comprometas con objetivos poco realistas o no relacionados con tu trabajo. Tampoco permitas que te hable con groserías ni malas palabras.

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  1. Que tus palabras y acciones sean congruentes.

Si dices a tu jefe que no trabajarás en fin de semana, pero siempre estás disponible cuando te habla, tus palabras dicen una cosa pero tus acciones demuestran otra. No es tu obligación contestarle al jefe a toda hora.

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  1. ¡Pero me van a despedir! 

Desafortunadamente, los jefes tienen el poder de hacer eso, sí. Pero es gracias a esa mentalidad que los jefes monstruosos surgen y permanecen. La buena noticia es que los jefes también aprenden de nosotros.

Esto lo aprendí ya que en mis primeros trabajos tenía la necesidad de respetar mi hora de salida al menos algunos días a la semana, primero porque estaba estudiando y trabajando, después por la maestría y finalmente lo hice por mi propio bienestar. En esos días, salir a mi hora no era opcional pues la universidad era mi prioridad. Al inicio tuve problemas con mis jefes por ser la única que “se iba temprano” (aunque salía a las 6 o 6:30), pero con el tiempo noté que en lugar de verme mal, me trataban con mejor, incluso tomaban más en cuenta mi opinión y fui promovida varias veces. Al cumplir con mi trabajo pero también hacer valer mis derechos logré ganar mejores condiciones como profesionista y como persona.

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Si eres bueno en tu trabajo, cumples con lo requerido y además demuestras que no te dejas intimidar, puede que tu jefe actual no lo valore pero encontrarás mejores oportunidades en el futuro.

Si necesitas mentoría para conseguir o cambiar de empleo, ¡contáctame!

¡Éxito y suerte!

Eila Zalles